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sábado, 4 de septiembre de 2010

Talento y Creatividad: no todo es académico

Amigos, este blog nació con la intención de materializar lo que nos dice Ken Robinson, los invito a dejar sus comentarios.

¡¡Disfruten la charla!!


sábado, 8 de mayo de 2010

Desarrollo, Educación y Talento


"El futuro ya no es lo que solía ser" cita de Arthur C. Clarke. Es cierto. Estudiar, conseguir un trabajo, hacer una familia y disfrutar del retiro: ruta idílica que se forjó en el inconciente de nuestra sociedad en los siglos pasados, aún conservando su presencia en el espacio de nuestra razón, presenta un nuevo contenido en el siglo XXI. Declaro que en este nuevo siglo ya no se estudie para la calificación o el título, sino para evolucionar. Evolucionar es adquirir las competencias para ser, saber, hacer y convivir armónicamente. Evolucionar es modificar nuestros esquemas asimilando la información más precisa y fundamental para la vida. Es poner a prueba nuestras creencias y hacerlas pasar por el tamiz de la experiencia, la inteligencia, el juicio, el valor y la decisión responsable. ¡Que se eduque de ahora en adelante para ser feliz! Ser feliz es hacer lo que nos gusta todo el tiempo. Lo que somos capaces de hacer todo el tiempo, toda la vida sintiéndonos plenos: eso es tu talento. Escribir, Pintar, Hacer música, Bailar, Organizar grupos, Generar ideas nuevas, Conciliar, Emprender, Mandar, Perfeccionar, Individualizar, Prevenir, Restaurar... todos son talentos, susceptibles de ser desarrollados, mejorados, interrelacionados y ser llevados a la cuasi-perfección. Eduquemos para desarrollar talentos. Durante mucho tiempo el foco principal en la educación escolarizada han sido los contenidos curriculares, recién ahora empieza a entenderse que es la persona -el aprendiz- en quien debe estar puesto el foco educativo. Pero yo exhorto a que sea el desarrollo de los talentos de las personas el foco. Se pueden abordar los contenidos, se pueden desarrollar armónicamente e integralmente las facultades del ser humano pero no a partir del examen, no a partir del hastío, no a partir de horarios preestablecidos, no a partir de teorías, sino a partir de las actividades que más aman las personas...las que motivan, llenan de gozo e inspiran la mejora continua. ¿Quieres hablar de productividad? ¿Te interesa el desarrollo económico y social? ¿Quieres modificar las estructuras de poder imperantes? ¿Quieres que el país mejore su índice de competitividad? ¿Aumentar tasas de empleo? ¿Reducir la inseguridad? etc. La respuesta son las personas. Capital Humano le dicen hoy. Ninguna política pública generará una distribución equitativa de la riqueza económica, cultural y espiritual, ninguna ley nos va a volver más eficientes y productivos; sólamente las personas haciendo lo que mejor saben hacer pueden producir crecimiento en todos los sentidos. Observemos a dónde nos ha llevado nuestro sistema de creencias como pueblo. La racionalidad imperante que hemos dejado irresponsable y apáticamente que colonice nuestra conciencia. Aseguro que si la educación se centra en el talento de las personas y de manera correlacionada cubre el programa de estudios, las cosas pueden mejorar aceleradamente.


La Tecnología es un instrumento podereoso: aprovechémoslo.


Al hacer esto aumentaremos nuestro capital humano. Esto lleva en automático a un proceso de autorrealización que mejora nuestra capacidad cognitiva y afectiva, nos hace más sensibles a la realidad. En ese momento podemos descubrir un horizonte de valores y virtudes sociales y se despierta en nosotros una tendencia hacia la cooperación, la ética y la cultura del trabajo. Así engrosaremos nuestro capital social. Así se genera el progreso. La riqueza es producto de un bien de orden estructural que se sostiene en instituciones sólidas que son operadas por gente talentosa (lo hacen mejor de lo que lo harían otros mil, digamos), responsable y realizada.

El bienestar social pasa primero por un bien-ser personal y un telos (finalidad) cultural asumido de socio-centrismo y sociorrealización.


La educación, el desarrollo y la vida social y pública tienen un mismo fin: mejorar la condición humana.


Nadie es dueño de la verdad, cada quien mira las cosas desde su propia historia, pero defenderé mis argumentos hasta no encontrar otros más convincentes. ¿No es este el tipo de lealtad para con lo verdadero, lo bueno y lo bello el que los pedagogos más célebres de todos los tiempos han promovido?
Sobre la familia, el trabajo y el retiro se puede decir otro tanto, pero concluiré aquí únicamente anticipando que el futuro en estos temas también ha dejado de ser lo que solía ser.

sábado, 10 de abril de 2010

Charla sobre cómo manejar los dones creativos

Amigos, recientemente tuve un problema de ansiedad derivado de las tantas actividades que quiero realizar y el nivel de exigencia que me impongo a mí mismo. En esta charla de Elizabeth Gilbert encontré alivio y descanso, que les sirva también...

miércoles, 3 de febrero de 2010

Comparte tu mejor experiencia educativa



Hola, los invito a compartir en este espacio las actividades de aprendizaje que les hayan resultado más provechosas como estudiantes o cómo docentes. Continuamente recordamos algún día en la escuela en el que realmente aprendimos algo, alguna actividad que solicitó el maestro que guardamos en nuestra memoria por lo que significó para nosotros. Si logramos recuperar los mejores ejercicios, tareas, proyectos y actividades escolares podremos darnos cuenta cúando es que una persona aprende realmente y será un repositorio único de sugerencias para el profesorado.


Para poner en marcha este experimento, les comparto una primera anécdota en mi faceta de estudiante: En la Facultad de Ciencias Químicas de la universidad pública en la que estudié (BUAP) había un profesor al que todos trataban de evitar en el armado de sus horarios cuatrimestrales debido a la fama que tenía de exigente y reprobador. Aquellos que llevaban buen promedio lo eludían para no poner en riesgo su promedio y los que no llevaban tan buenas notas lo evitaban porque existía la leyenda -en parte cierta- de que aprobaba a muy pocos en el grupo. Era verano y en esa época los más adelantados en la universidad teníamos la oportunidad de adelantar una de las últimas materias de la currícula: Toxicología. Por cuestiones del destino, fue este personaje al que llamaré cariñosamente "El Doctor" el único docente que asignó la Coordinación Académica para impartir la asignatura. Recuerdo que más de uno de los "cerebritos" que pretendían adelantar la materia prefirieron postergar cuatro meses su graduación con tal de evitar al temido "Doctor" y asegurarse un buen promedio. En fin, un grupo de compañeros de muy buen nivel éramos más prácticos y confiamos en que nuestras capacidades, buenos promedios y buenas influencias con los demás docentes de la Academia acabarían ejerciendo la presión suficiente sobre aquel sujeto para evitar malas notas. Fuimos un grupo de alrededor de 12 "arriesgados" -el 80% con alto promedio- (9 o más).
Nunca había conocido ni he vuelto a conocer a un tipo semejante. Tenía un aspecto un tanto desaliñado, siempre con una bata que en algún momento debió haber sido blanca, a veces utilizaba una gris u otra café, bebía tazas de café como agua de tiempo -incluso frío-, utilizaba calzado sport de modelo no reciente, despeinado frecuentemente, con un bigote francamente rebelde, ojos que parecían desorbitarse cuando se irritaba, párpados que reflejaban la lectura de decenas de artículos sobre la enfermedad de Pakinson y de Alzheimer y un lenguaje franco y rudo.
Las primeras sesiones fueron un calvario por la cantidad de información, de lecturas y tareas que solicitaba, el grupo se sentía rebasado y asustado. Recuerdo que las sesiones de laboratorio que dirigía eran los sábados y que en una ocasión nos hizo asistir en día festivo, de modo que mientras mi familia y mi novia viajaban a Acapulco yo tuve que ir a alimentar a las ratas y dosificarles una solución. El primer examen que nos aplicó tenía casi 100 preguntas, muchas de ellas repetidas, otras mal redactadas, y otras tantas que no correspondían a lo que habíamos trabajado en clase. Recuerdo su frase al entregarnos calificaciones: "Están sumidos en el fango". Nuestras reservas y angustias se fueron convirtiendo en cólera y chistes de pasillo. No obstante, me impresionaba su pasión por lo que hacía. Trataba a sus ratas como reinas, había convencido a varios estudiantes de que fueran prácticamente sus esclavos, días y tardes y fines de semana para cuidarlas y realizar los experiementos programados. Estos consistían en experimentos de laberinto, cirugías cerebrales y de ovarios, entre otros. Hablaba de los efectos de las sustancias tóxicas con tanta vehemencia que casi podía imaginarlo administrándose todo tipo de enervantes y sustancias estimulantes para probar sus efectos fisiológicos "in vivo".
Cuando me percaté de que sus criterios de evaluación eran cambiantes y sus exigencias cada vez más ridículas, decidí emplear otra estrategia: darle más de lo que pedía. Así que cuando nos solicitó hacer un cartel sobre los efectos tóxicos de algunas sustancias, preparé junto con mis compañeros de equipo un trabajo sobre las Dioxinas y sus efectos dañinos en el organismo; colocamos la molécula, ejemplos de su producción, sus posibles mecanismos de acción, etc. Lo imprimimos en plotter y nos preparamos para dar toda una cátedra sobre ellas. Llegado el día, el "Doctor" sólo asintió y nos dijo "bien, hay que volver a hacer esto".
Después se le ocurrió la idea de envenenar a las ratas con diferentes soluciones de plomo y registrar los efectos tóxicos en riñones y otros órganos. Pusimos tanto empeño en aquella tarea que aún recuerdo un sábado en el que dijo: "Porque no compramos una pizza mientras colocamos las tiras reactivas y esperamos hasta que la rata orine". Recuerdo bien ese día porque por primera vez parecíamos todos contentos. Creo que nos había convencido. Quizás esa sea la época que evoco cuando pienso en la difícil y emotiva vida de estudiante universitario. Nos pidió cooperación para la comida y el cuidado de las ratas y se la dimos; a cambio, nos enseñó a realizar experimentos con fármacos convulsivos y tuvimos que presenciar el triste espectáculo de las ratas azotándose contra las paredes de una tina. También hicimos experimentos en el laberinto y hasta pudimos presenciar una cirugía de ovarios. Aún recuerdo nuestra preocupación porque la dosis de ketamina no nos parecía suficiente y temíamos ver a la rata despertarse y retorcerse de dolor. Recuerdo que a algunos compañeros les enseñó como hacer cirugías estereotáxicas mientras otros mirábamos los apagados ojos rojos de la rata que colocaba en posición entre las barras de metal. En medio de todo este vendaval de actividades yo ocupaba mis tardes para investigar y elaborar presentaciones en power-point sobre algunas sustancia alucinógenas, el tipo de receptores cerebrales a los que se unen, los neurotransmisores que liberan y los efectos que provocan. Fueron trabajos realmente excepcionales -al menos me lo parecieron a mí- en los que coloqué imágenes, tablas, referencias bibliográficas y que titulé: "Saliedo del fango 1" y "Saliendo del fango 2". Se los envié por correo.
Al final del cuatrimestre fuí el único que obtuvo 10 y después de 6 años aún recuerdo las frenéticas clases de aquel hombre,su obstinación con el Mal de Parkinson y el Alzheimer y a pesar de que sigo pensando que carecía de muchos elementos didácticos y pedagógicos, creo que fue una de mis mejores experiencias educativas.

De hecho, encontré esto en ta red:

http://www.madridiario.es/jorgejuan/noticia/2009/julio/general/109411/


Espero que ahora ustedes compartan algún episodio de su formación que los haya marcado positivamente.



Con sus aportaciones podremos favorecer una educación que impulse los talentos de todos. Con educación hay más ideas, con ideas negocios y con negocios prosperidad.